Bienestar infantil en cuarentena: cómo ayudar a los más pequeños durante el confinamiento

Bienestar infantil en cuarentena: cómo ayudar a los más pequeños durante el confinamiento

El gobierno ha comunicado que a partir del 26 de abril nuestros niños podrán, dentro de un orden, salir a la calle. Es una excelente noticia: el confinamiento no solo ha detenido las rutinas familiares de un día para otro, sino que también ha puesto en cuarentena que los peques acudan al colegio, se muevan con libertad o vean a sus personas preferidas.

Psicólogos y psiquiatras hablamos de trauma y de estrés postraumático cuando algo difícil e inesperado produce un fuerte impacto emocional, que es mayor cuanto más radical e impredecible es el detonante. En este sentido, la crisis de la COVID-19 podría incidir negativamente en el desarrollo neurológico, motor, social, afectivo y cognitivo de los niños, así como provocarles en el futuro sintomatología de estrés postraumático y TEPT.

Como cuidadores, debemos permanecer pendientes del estado de ánimo de los más pequeños de la casa, que en esta situación presentan cambios bruscos de humor, irritabilidad, ansiedad, rabietas más frecuentes, miedos irracionales, problemas de sueño, pérdida de autonomía e incremento de la necesidad de ayuda de los padres, enuresis, etc. La mayoría de madres y padres refieren que estos días sus hijos están contentos porque están en casa, jugando en familia, pero, al profundizar un poco más, admiten algunos de estos cambios de comportamiento, y en general coinciden en que los niños muestran cierta regresión.  

¿Cómo ayudarles en una situación que incluso como adultos nos supera?

– Cuídate para cuidarles. Preocúpate por ti, tanto física como emocionalmente: cuanto más tranquilos y estables estemos los cuidadores, mayor será la calidad de nuestra atención y mejor se sentirán ellos.  

– El valor de la sinceridad. Compartamos lo que va sucediendo durante el confinamiento a través de conversaciones sinceras y adaptadas a su edad: si omitimos cierta información con ánimo de protegerles, ellos acabarán enterándose por otras fuentes y por miedo o desconfianza no se atreverán a preguntarnos. Transmitamos también los aspectos negativos terminando siempre con un mensaje de esperanza: volverás a ver a tus amigos y a los yayos, a jugar en el parque, etc.  

– Tiempo de calidad. Durante un rato, olvídate de tus preocupaciones y dedica tiempo de calidad a conectar con ellos -jugar, charlar, bailar, cantar, reír-: es fundamental para que se sientan seguros y protegidos. 

– Escucha activa. Pregunta con frecuencia cómo se sienten y facilita que expresen abiertamente sus emociones, sin interrumpir o verbalizar juicios como “no estés triste” o “no llores”. Interésate también por sus necesidades: la mayoría de veces solo quieren que juguemos con ellos, hablar con los abuelos o los amigos, que les digamos que les queremos, que imaginemos con ellos qué haremos cuando acabe el confinamiento, etc.

– La fuerza del cariño. Aumenta tus muestras de afecto y mímales con besos y abrazos. De la misma manera, respeta su negativa si rehúsan. 

– ¡Adiós al estrés! El ejercicio es la mejor manera de destensar. Puedes practicar ejercicios de relajación o respiración en familia, o bien ayudarles a quitarse de encima sus frustraciones o temores a través del juego: brincos en la cama, guerra de cojines, pilla pilla, gincana… ¡A sudar el pijama!

– Y, sobre todo, antes de salir a la calle… Explícales lo que se van a encontrar para que estén preparados y no se asusten cuando vean las calles y los parques vacíos, las largas colas en los supermercados por la nueva distancia interpersonal o los peatones con guantes y máscaras: al fin y al cabo, las máscaras son las nuevas capas de las superheroínas y los superhéroes. 

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